Calienta una sartén de hierro a fuego medio-alto.
Lava los tomates y colócalos en la sartén caliente sin aceite. Puedes dejarlos enteros o cortarles un poco la piel si prefieres un toque más rápido.
Cocina los tomates en la sartén durante unos 10-15 minutos, girándolos para que la piel se queme por igual. Queremos que la piel se carbonice un poco y los tomates comiencen a liberar sus jugos. El objetivo es un sabor ahumado, así que no los muevas demasiado, deja que se quemen un poco en cada lado.
Mientras los tomates se queman, calienta el aceite de oliva en una olla grande a fuego medio.
Agrega la cebolla picada (8 oz) y el ajo picado (0.4 oz) y sofríe durante 3-4 minutos hasta que la cebolla se vuelva translúcida.
Una vez los tomates estén quemados, sácalos de la sartén, pélalos y tritura la pulpa en un tazón.
Agrega los tomates triturados a la olla con la cebolla y el ajo. Cocina durante 5 minutos para que se mezclen bien los sabores.
Vierte el caldo de verduras o pollo (32 oz), añade la sal (0.04 oz), la pimienta negra (0.04 oz) y el azúcar (0.2 oz). Lleva a ebullición, luego reduce el fuego y cocina a fuego lento durante 10 minutos para que los sabores se mezclen.
Con una licuadora de mano o una licuadora normal, licúa la sopa hasta que tenga una textura suave. Si prefieres una textura más cremosa, agrega la crema de leche (4 oz) y mezcla bien.
Sirve caliente, decorando con hojas de albahaca o tomillo si lo deseas.