En un bol grande, mezcla la harina, el azúcar, el cacao, la canela y la sal.
Añade la manteca fría y trabaja con las manos o un cortapastas hasta que la mezcla tenga una textura arenosa.
Haz un hueco en el centro y agrega el huevo, el vino Marsala. Mezcla hasta formar una masa. Si es necesario, agrega un poco más de vino para obtener la consistencia correcta.
Amasa la mezcla durante unos 10 minutos hasta que la masa esté suave. Cúbrela con plástico y déjala reposar durante 30 minutos.
Divide la masa en 6-8 porciones. Estira cada porción con un rodillo hasta que tenga un grosor de unos 2 mm.
Corta círculos de aproximadamente 10 cm de diámetro. Si tienes moldes de cannoli, envuelve los círculos de masa alrededor de los moldes, asegurándote de sellar bien los bordes.
Calienta el aceite en una sartén profunda o freidora a 180°C (350°F).
Fría las cáscaras durante unos 3-4 minutos, o hasta que estén doradas y crujientes. Retíralas y deja que se enfríen sobre papel absorbente.
En un bowl grande, bate la ricotta y el mascarpone hasta obtener una mezcla suave y cremosa.
Añade el azúcar en polvo y el extracto de vainilla. Mezcla bien.
Incorpora las chispas de chocolate y/o la cáscara de naranja confitada si lo deseas.
Una vez que las cáscaras estén frías, retira con cuidado los moldes.
Rellena una manga pastelera con la mezcla de ricotta y mascarpone y rellena las cáscaras con el relleno.
Espolvorea con azúcar en polvo antes de servir, si lo deseas.