Si estás usando espinacas frescas, blanquéalas en agua hirviendo durante 1-2 minutos, luego escúrrelas y colócalas en un recipiente con agua helada para detener la cocción. Escúrrelas bien y pícalas finamente.
Si usas espinacas congeladas, asegúrate de descongelarlas completamente y eliminar el exceso de agua antes de picarlas.
En una cacerola mediana, derrite 2 cucharadas de mantequilla a fuego medio. Agrega la harina y cocina, revolviendo constantemente, durante 1-2 minutos para hacer un roux.
Gradualmente, añade la leche, batiendo constantemente para evitar grumos. Cocina la mezcla, revolviendo frecuentemente, hasta que espese, aproximadamente 3-4 minutos.
Retira del fuego y agrega la sal, pimienta y nuez moscada. Incorpora el queso rallado y mezcla hasta que se derrita completamente.
Añade las espinacas picadas y mezcla bien.
En un bowl grande, bate las claras de huevo con una batidora eléctrica hasta que formen picos suaves. Si estás usando cremor tártaro, agrégalo al principio para ayudar a estabilizar las claras.
En otro bowl, bate las yemas de huevo hasta que estén bien mezcladas. Luego, incorpora la mezcla de espinacas y queso a las yemas.
Con una espátula, incorpora suavemente las claras batidas a la mezcla de espinacas, en tres adiciones, hasta que la mezcla esté bien combinada pero aún esponjosa. Ten cuidado de no mezclar demasiado.
Precalienta el horno a 375°F (190°C). Engrasa ligeramente un molde para soufflé o un molde de cerámica apto para horno (también puedes espolvorear con pan rallado para un acabado crujiente).
Vierte la mezcla en el molde preparado, alisando la superficie con una espátula.
Coloca el molde en el horno precalentado y hornea durante 25-30 minutos, o hasta que el soufflé haya subido y esté dorado en la parte superior. No abras el horno durante el tiempo de cocción para evitar que el soufflé se hunda.
Sirve el soufflé inmediatamente después de sacarlo del horno, ya que tiende a desinflarse rápidamente.