En un bol grande o sobre una superficie limpia, tamiza la harina y mezcla con la sal.
Forma un hueco en el centro y añade los huevos y el aceite de oliva.
Con un tenedor, bate ligeramente los huevos y comienza a incorporar la harina poco a poco desde los bordes.
Cuando la mezcla empiece a unirse, amasa con las manos durante unos 8-10 minutos, hasta obtener una masa suave y elástica.
Si está demasiado pegajosa, añade un poco de harina (poco a poco); si está seca, añade unas gotas de agua.
Envuelve la masa en papel film y déjala reposar durante 30 minutos a 1 hora a temperatura ambiente.
En un bol, combina la carne de langosta picada, el ajo, la ricotta, la ralladura de limón, la sal y la pimienta.
Mezcla bien hasta que todos los ingredientes estén integrados.
Reserva en el refrigerador mientras estiras la masa.
Divide la masa en 4 porciones. Usa un rodillo o una máquina de pasta para estirar cada porción hasta que esté fina (aproximadamente 1-2 mm de grosor).
Coloca una lámina de masa sobre una superficie limpia y enharinada.
Con una cuchara, coloca pequeñas porciones del relleno (aproximadamente 1 cucharadita) en la mitad de la lámina, dejando espacio entre cada montículo (unos 5 cm).
Humedece los bordes de la masa y alrededor del relleno con un poco de agua usando un pincel o tus dedos.
Dobla la otra mitad de la masa sobre el relleno y presiona alrededor de cada montículo para sellar.
Corta los raviolis con un cortador de pasta o un cuchillo. Verifica que los bordes estén bien sellados para que no se abran al cocinar.
En una olla grande con abundante agua con sal, cocina los raviolis en tandas durante 3-5 minutos o hasta que estén tiernos y floten en la superficie.
Escurre los raviolis con cuidado y sírvelos con tu salsa favorita. Un acompañamiento ideal sería una salsa de mantequilla con limón, hierbas frescas y ajo.