Precalienta el horno a 400°F (200°C).
Lava bien las papas y sécalas. No es necesario pelarlas, ya que la piel aporta sabor y textura, pero si prefieres pelarlas, también está bien.
Coloca cada papa en una tabla de cortar. Para evitar cortar completamente las papas, pon una cuchara o una paleta de madera a cada lado de la papa, lo que actuará como guía para cortar. Haz cortes finos a lo largo de la papa (como una especie de "acordeón"), asegurándote de que no lleguen a la base de la papa, dejando un pequeño espacio al final.
En un tazón pequeño, mezcla la mantequilla derretida, el aceite de oliva, el ajo picado (si lo usas), el romero y el tomillo.
Coloca las papas en una bandeja para hornear o en una fuente para horno. Con una brocha de cocina o una cuchara, unta generosamente la mezcla de mantequilla y aceite sobre las papas, asegurándote de que entre bien en los cortes.
Sazona con sal y pimienta al gusto.
Cubre la fuente con papel de aluminio y hornea durante 45 minutos. Esto ayuda a que las papas se cocinen por dentro.
Después de 45 minutos, quita el papel de aluminio y hornea durante otros 20-25 minutos o hasta que las papas estén doradas y crujientes por fuera, pero tiernas por dentro. Los cortes deben haberse abierto ligeramente, mostrando una forma de acordeón.
Si deseas añadir queso rallado, espolvorea el queso sobre las papas durante los últimos 5-10 minutos de cocción para que se derrita y se gratine.
Una vez que las papas estén listas, sácalas del horno y déjalas reposar un par de minutos.
Si deseas, espolvorea con perejil fresco picado o añade un chorrito de limón para darle un toque fresco.
Sirve las papas como acompañamiento de carnes, aves, o incluso como un plato principal para una comida ligera.