En una sartén grande, calienta la mantequilla y el aceite de oliva a fuego medio.
Añade la cebolla picada y cocina hasta que esté transparente, unos 5 minutos.
Agrega el jamón serrano picado y cocina por 2-3 minutos.
Incorpora la harina y cocina durante 2 minutos, removiendo constantemente para evitar que se queme. La mezcla debe formar una pasta espesa.
Poco a poco, agrega la leche caliente, removiendo constantemente para evitar grumos. Cocina a fuego lento, removiendo, hasta que la mezcla espese y se convierta en una bechamel espesa. Esto debería tomar unos 10 minutos.
Ajusta la sazón con sal, pimienta y una pizca de nuez moscada si lo deseas.
Una vez que la mezcla esté espesa, retira del fuego y deja enfriar completamente. Puedes transferir la mezcla a un recipiente plano para acelerar el enfriamiento.
Una vez que el relleno esté completamente frío, forma pequeñas bolas o cilindros con la mezcla, usando tus manos o una cuchara para helado. Las croquetas deben ser del tamaño de un bocado.
Prepara tres platos: uno con harina, otro con huevos batidos y otro con pan rallado.
Pasa cada croqueta primero por la harina, asegurándote de cubrirla uniformemente.
Luego, sumérgela en el huevo batido.
Finalmente, cubre con pan rallado, presionando ligeramente para que el pan rallado se adhiera bien.
Calienta suficiente aceite vegetal en una sartén grande a fuego medio-alto para cubrir las croquetas (alrededor de 2-3 cm de aceite).
Cuando el aceite esté caliente (puedes probarlo con un pequeño trozo de pan; debe dorarse rápidamente), fríe las croquetas en tandas para no abarrotar la sartén. Cocina hasta que estén doradas y crujientes por fuera, unos 3-4 minutos por cada lado.
Retira las croquetas con una espumadera y colócalas sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
Sirve las croquetas calientes, solas o acompañadas de una salsa para dip si lo prefieres.