Coloca el pollo con la pechuga hacia abajo. Con tijeras de cocina, corta a ambos lados de la columna vertebral y retírala completamente.
Abre el pollo, voltéalo con la pechuga hacia arriba y presiona firmemente sobre el centro del pecho hasta que quede lo más plano posible.
Sécalo muy bien, especialmente la piel. Sazona ambos lados con sal, pimienta y paprika, romero, tomillo y ralladura de limón.
Calienta un sartén de hierro a fuego medio-alto con aceite. Coloca el pollo con la piel hacia abajo. Cubre el pollo con parchment paper y coloca encima otro skillet.
Presiona y cocina aproximadamente 10 minutos, hasta que la piel esté bien dorada.
Retira el peso y verifica el color. Si necesita más, déjalo otros 2 a 3 minutos. Voltea el pollo, añade los 6 dientes de ajo aplastados. Lleva el mismo skillet al horno a 400°F durante 20 a 30 minutos.
Busca temperatura interna segura, 165°F en la pechuga; los muslos pueden estar algo más altos. Retira el pollo y déjalo reposar 5 minutos antes de cortarlo.
Para la salsa, en el mismo sartén que sacaste el pollo elimina el exceso de grasa y añade 2 dientes ajo machacados, coloca el sartén a fuego medio y cocina durante 20 a 30 segundos, sin dejar que se quemen.
Añade vino blanco y raspa el fondo del sartén para desprender todo el fond.
Cocina de 2 a 3 minutos, hasta que el vino se reduzca aproximadamente a la mitad.
Añade caldo de pollo, 1 ramita de tomillo y 1 ramita de romero. Cocina de 3 a 5 minutos, hasta que la salsa reduzca ligeramente y tenga más cuerpo.
Retira las ramitas de hierbas y baja el fuego. Añade la mantequilla fría, poco a poco, moviendo constantemente hasta que la salsa quede brillante y emulsionada.
Ajusta con sal y pimienta.
Corta el pollo y sirve la salsa debajo y alrededor del pollo, evita cubrir la piel para mantenerla crujiente.