Precalienta el horno a 160°C (320°F). Coloca una rejilla en el centro del horno.
En una cacerola pequeña, derrite la mantequilla con la leche a fuego bajo. Una vez que la mantequilla se haya derretido, añade el queso crema y mezcla bien hasta que obtengas una masa suave y sin grumos. Retira del fuego y deja enfriar un poco.
Tamiza la harina y la maicena. Agrega gradualmente a la mezcla de queso crema y leche, batiendo bien para evitar grumos. Una vez que esté bien mezclado, añade las yemas de huevo (uno por uno) y la esencia de vainilla. Mezcla hasta obtener una masa homogénea. Reserva.
En un bol grande, bate las claras de huevo con una pizca de sal y el cremor tártaro (si lo usas) hasta que estén espumosas. Agrega poco a poco el azúcar mientras sigues batiendo hasta que las claras estén a punto de nieve firme (cuando formen picos firmes al levantar las varillas).
Agrega un tercio de las claras batidas a la mezcla de queso crema para aligerarla. Luego, con movimientos envolventes, incorpora el resto de las claras batidas, procurando no perder la aireación.
Forra un molde de 20 cm de diámetro con papel de hornear, asegurándose de que sobresalga un poco por los lados para facilitar el desmoldeo.
Vierte la masa en el molde y golpea ligeramente el molde contra la superficie para eliminar burbujas de aire.
Coloca el molde en un recipiente con agua caliente (esto creará un baño maría). Hornea durante 45-50 minutos, o hasta que el pastel esté dorado y firme en el centro. Si es necesario, cubre con papel aluminio durante los últimos 10-15 minutos para evitar que se dore demasiado.
Deja que el cheesecake se enfríe completamente a temperatura ambiente. Luego, refrigerarlo durante al menos 4 horas (preferentemente toda la noche).
Una vez que esté bien frío, desmoldarlo con cuidado, retirando el papel de hornear.
Sirve el cheesecake japonés tal cual o espolvoreado con un poco de azúcar glas por encima. También puedes acompañarlo con una salsa de frutas o mermelada, si lo prefieres.